En nuestra profesión nos
encontramos a la orden del día la introducción de fármacos intravenosos a
nuestros pacientes. ¿Es una pérdida de tiempo
que expulsemos las burbujas de las jeringas y goteros, o
por el contrario es imprescindible?
La respuesta es obvia;
imprescindible. Cuando inyectamos un fármaco siempre se introducen diminutas
burbujas de aire que están en la jeringa y no pasa nada. Sin embargo, si no se
toman precauciones en expulsar las burbujas como dar golpecitos en la jeringa o
subir el émbolo el máximo sin derramar el medicamento, se pueden introducir
grandes burbujas de aire.
Las burbujas, dependiendo de su
tamaño, pueden obstruir el flujo de sangre. Esto es lo que se conoce como embolia
gaseosa, y según el lugar donde se produzca, los
efectos serán tan graves como la muerte. Si el aire bloquea una vena, es
menos peligroso que si bloquea una arteria, ya que esta podría bloquear la
irrigación del corazón o del cerebro y provocar un infarto o la muerte.

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