Por supuesto, estamos hablando del infarto de
miocardio. El término infarto agudo de
miocardio (conocido en el lenguaje coloquial como ataque al corazón o infarto) hace referencia a un riego
sanguíneo insuficiente, con daño tisular, en una parte del corazón, producido
por una obstrucción en una de las arterias coronarias, frecuentemente por ruptura
de una placa de ateroma vulnerable. La isquemia
o suministro deficiente
de oxígeno que resulta de tal obstrucción produce la angina de
pecho, que si se recanaliza precozmente no produce muerte del tejido
cardíaco, mientras que si se mantiene esta anoxia se produce la lesión
del miocardio y finalmente la necrosis, es decir, el infarto.
El infarto de miocardio es la principal causa de
muerte de hombres y mujeres en todo el mundo. La facilidad de producir
arritmias, fundamentalmente la fibrilación ventricular, es la causa más
frecuente de muerte en el infarto agudo de miocardio en los primeros minutos,
razón por la que existe la tendencia a colocar desfibriladores externos automáticos
en lugares públicos concurridos.
Los principales riesgos que predisponen a un
infarto son la aterosclerosis, las placas de ateroma que hemos explicado en
una de las entradas anteriores.
Actualmente tiene casi la misma incidencia en
hombres que en mujeres debido a la igualdad en el consumo de alcohol y tabaco.
Además, afectan cada vez a personas más jóvenes aunque el riesgo de padecer un
infarto es más alto a partir de los 40 años en hombres, y 50 años en mujeres.
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