El consumo de bebidas alcohólicas puede dañar el corazón y aumentar la presión arterial a largo plazo, por lo que se recomienda su consumo con moderación, es decir, no más de 30 gramos al día (Tres cervezas, dos copas de vino o una copa de licores fuertes). Diversas investigaciones han demostrado que personas que beben con moderación reducen las posibilidades de desarrollar una enfermedad cardíaca frente a aquellas que no beben nada de alcohol o que beben demasiado.
Dentro de las bebidas alcohólicas debemos destacar especialmente el vino, ya que es el que demuestra mayores propiedades en cuanto a la reducción del riesgo cardiovascular: El vino tinto contiene flavonoides, que le proporcionan un efecto antioxidante que puede resultar más que beneficioso.
En el otro lado de la balanza, está demostrado que beber más de 30 gramos al día aumenta el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer como el de mama. Además, en personas embarazadas o enfermas está totalmente desaconsejada su ingesta, sea moderada o no, por lo que en términos generales el consumo de alcohol está desaconsejado a pesar de sus posibles propiedades beneficiosas debido a sus otros inconvenientes.

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